La alimentación no depende únicamente de la voluntad, el conocimiento nutricional o la capacidad de “escuchar al cuerpo”. Para saber cuándo necesitamos comer, cuánto comer o cuándo parar, el cerebro tiene que interpretar múltiples señales corporales y ambientales al mismo tiempo: hambre, saciedad, náuseas, malestar digestivo, cansancio, ansiedad, olor, textura, temperatura, contexto social y experiencias previas con determinados alimentos.
A esta capacidad de percibir e interpretar señales internas del cuerpo se le llama interocepción.
Qué es la interocepción y por qué es importante
La interocepción incluye sensaciones como el hambre, la sed, los latidos del corazón, la respiración, el dolor, la temperatura corporal o las sensaciones gastrointestinales. Estas señales no aparecen aisladas: el cerebro las integra constantemente con información externa (lo que vemos, olemos, tocamos o escuchamos) y con el estado del sistema nervioso en ese momento.
En personas autistas, esta integración puede ser más compleja. La investigación sugiere que pueden existir diferencias en la forma de percibir, priorizar e interpretar las señales interoceptivas y exteroceptivas. Es decir, no se trata simplemente de “sentir poco” o “sentir demasiado”, sino de que las señales pueden llegar mezcladas, con mucha intensidad, tarde, de forma poco clara o con un significado difícil de identificar.

El problema de confundir saciedad con rechazo sensorial
Esto es especialmente importante en alimentación. Una persona puede notar una sensación corporal intensa durante una comida y concluir: “ya estoy llena”, cuando en realidad lo que está ocurriendo no es saciedad fisiológica, sino rechazo sensorial, asco, ansiedad, saturación o necesidad de dejar de exponerse a ese estímulo. El cerebro puede interpretar como “no necesito más comida” algo que quizá significa “esta textura me sobrepasa”, “este olor me resulta aversivo” o “mi sistema nervioso necesita salir de esta situación”.
Además, muchas personas autistas presentan menor habituación a ciertos estímulos sensoriales. Esto significa que olores, texturas, temperaturas, ruidos o sensaciones corporales que para otras personas pasarían a segundo plano pueden mantenerse presentes e intensos durante más tiempo. En una comida, esto puede hacer que la experiencia sensorial sea tan demandante que acabe interfiriendo con la percepción real del hambre y la saciedad.
Por eso, cuando hablamos de alimentación intuitiva en personas neurodivergentes, necesitamos hacerlo con precaución. Consejos como “come cuando tengas hambre” o “para cuando estés saciada” pueden parecer sencillos, pero presuponen que las señales corporales son claras, estables y fáciles de interpretar. Y eso no siempre ocurre. En algunas personas, antes de confiar plenamente en esas señales, puede ser necesario construir apoyos externos, rutinas flexibles y estrategias que ayuden a diferenciar hambre, saciedad, asco, ansiedad y sobrecarga sensorial.
¿Están tus necesidades cubiertas?
Desde esta base, podemos entender por qué una persona puede dejar de comer, no porque sus necesidades estén cubiertas, sino porque su sistema nervioso necesita protegerse de una experiencia sensorial desagradable.
Puede ocurrir que interpretes ciertas señales relacionadas con la comida como “saciedad” cuando en realidad lo que estás sintiendo es rechazo, asco o saturación sensorial. El problema es que el cerebro no siempre diferencia bien entre “ya he cubierto mis necesidades” y “necesito dejar de exponerme a este estímulo”.
El asco tiene una función biológica de protección: nos ayuda a alejarnos de aquello que el cerebro interpreta como potencialmente dañino o amenazante. En personas autistas, donde la integración entre señales internas (interocepción) y externas (sensibilidad sensorial, textura, olor, contexto ambiental, estrés, etc.) puede ser menos precisa, es relativamente frecuente que una experiencia sensorial desagradable alrededor de la comida se viva como una señal corporal muy intensa y se interprete erróneamente como “ya no necesito comer más”.
Sin embargo, que tu sistema nervioso rechace un alimento o se sature sensorialmente no significa necesariamente que tus necesidades energéticas o nutricionales estén cubiertas. Y cuando esas necesidades quedan sin atender durante el día, es muy habitual que aparezcan más tarde episodios de pérdida de control, atracones o una sensación de urgencia muy intensa con la comida.
Adaptar la alimentación al sistema nervioso, no al “ideal teórico”
De hecho, si observas que recurrentemente acabas comiendo de forma impulsiva a determinadas horas (muchas veces al final del día), es posible que no sea simplemente “falta de autocontrol”, sino que haya habido dificultades para reconocer, interpretar o priorizar correctamente las señales corporales antes de llegar a ese punto. En esos casos, confiar únicamente en “escuchar al cuerpo” puede no ser suficiente, porque las señales pueden llegar mezcladas, tarde o distorsionadas por la sobrecarga sensorial, el hiperfoco, la ansiedad o la propia desregulación del sistema nervioso.
Por eso, algunas personas neurodivergentes necesitan inicialmente más estructura externa: horarios, recordatorios, planificación o referencias objetivas que les ayuden a interpretar mejor sus necesidades fisiológicas mientras desarrollan una relación más clara y segura con sus señales internas. Esto significa aprender a traducir señales que muchas veces llegan de forma caótica o poco fiable.
Además, cuando a todo esto se suma una tendencia cognitiva a la rigidez (por ejemplo, intentar seguir normas alimentarias muy estrictas o forzarse a comer alimentos que generan rechazo sensorial porque “son saludables”) el sistema nervioso puede entrar todavía más en sobrecarga. Y cuando una persona está sobrecargada, su cerebro va a buscar regulación. A veces esa regulación aparece precisamente a través de la comida, especialmente con alimentos más predecibles, gratificantes o sensorialmente seguros.
Por eso el abordaje no debería centrarse únicamente en reglas nutricionales generales o en ideales rígidos de alimentación intuitiva, sino en comprender cómo funciona tu sistema nervioso, tus necesidades sensoriales y tu manera concreta de procesar las señales corporales.
Referencias:
- Loureiro F, Ringold SM, Aziz-Zadeh L. Interoception in Autism: A Narrative Review of Behavioral and Neurobiological Data. Psychol Res Behav Manag. 2024 May 3;17:1841-1853. doi: 10.2147/PRBM.S410605. PMID: 38716258; PMCID: PMC11075678.
Muy buen artículo. No siempre todo es tan fácil como pensamos y está bien saber que hay diferentes maneras de sentir las sensaciones y de poder darles respuesta