Cuando pensamos en trastornos de la conducta alimentaria y síntomas digestivos, solemos separarlos como si no tuvieran relación. Asociamos los TCA (como la anorexia nerviosa (AN) o la bulimia nerviosa (BN)) a la preocupación por el peso, el miedo a engordar y conductas como la restricción, los atracones o las purgas. En el caso del trastorno por atracón (TA), muchas personas lo vinculan únicamente con comer en exceso o con una falta de control. Sin embargo, los síntomas digestivos forman parte del cuadro clínico en la mayoría de los casos, y muchas veces se pasan por alto o se minimizan.
Muchos de los síntomas digestivos son invisibles
Estudios clínicos han demostrado que hasta el 90% de los pacientes con TCA reportan síntomas gastrointestinales.
- En el caso de la anorexia nerviosa, es muy habitual sentir saciedad precoz, plenitud posprandial (sensación de estar llena/o o hinchada/o después de comer, especialmente si esta sensación persiste o es molesta), distensión o náuseas tras comer.
- En la bulimia nerviosa, aparecen con frecuencia la hinchazón, los borborigmos (ruidos intestinales), el estreñimiento o el dolor abdominal.
A menudo, estos síntomas no se deben a lesiones orgánicas visibles, sino a lo que se conocen como trastornos gastrointestinales funcionales. Es decir, el sistema digestivo no presenta daños estructurales, pero su funcionamiento está alterado. La dispepsia funcional, el síndrome del intestino irritable o la dificultad para relajar el estómago después de comer son ejemplos de esto.
Cuando comer provoca malestar real, es más fácil justificar la restricción. Se refuerzan los miedos, se perpetúan los síntomas y se complica la recuperación
Los síntomas digestivos suelen minimizarse, tanto por profesionales sanitarios como por el entorno personal del paciente, al considerarse a menudo una excusa para justificar conductas problemáticas con la comida. Sin embargo, existen evidencias de cambios fisiológicos reales que explican la sintomatología que muchas personas reportan.
En AN se observa:
- Un vaciamiento gástrico lento: el estómago tarda más de lo normal en vaciarse, lo que genera sensación de “demasiada saciedad” de manera persistente.
- La desnutrición altera el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, que regula procesos involuntarios como la digestión. En situaciones normales, este sistema coordina el movimiento del estómago y los intestinos. Pero en personas con AN, se ha observado una hipoactividad del sistema nervioso parasimpático (el que estimula la digestión) y una sobreactivación del sistema simpático (el que predomina en situaciones de alerta). Esto provoca un enlentecimiento general de la motilidad digestiva.
- Además, se han detectado niveles alterados de ciertos neurotransmisores, especialmente noradrenalina, que está implicada en la regulación del vaciamiento gástrico. Tras las comidas, personas con AN muestran una menor respuesta de esta sustancia, lo que contribuye a que el estómago no se vacíe con normalidad.
- A esto se suma una alteración en la secreción de hormonas gastrointestinales como la neurotensina, la motilina o la ghrelina, que normalmente participan en la señalización del hambre, la saciedad y el movimiento del tubo digestivo. En la AN, estas señales están desreguladas, lo que agrava la lentitud gástrica y aumenta el malestar tras las ingestas.
En BN, aunque el vaciado suele ser normal:
- El estómago tiene menor capacidad para relajarse después de comer, en términos médicos se conoce como disminución de la acomodación gástrica. Esta capacidad de relajación es fundamental porque permite que el estómago actúe como un “contenedor flexible” que recibe el alimento sin generar presión o malestar excesivo.
- Cuando esta función está alterada comer incluso cantidades normales puede generar sensación de hinchazón intensa, incomodidad o plenitud temprana, puede aparecer una necesidad urgente de compensar ese malestar mediante vómitos autoinducidos, uso de laxantes o ejercicio y puede llevar a confundir estas sensaciones con una «intolerancia» o “mala digestión”, lo que alimenta la idea de que el cuerpo “no tolera ciertos alimentos”.
- Además, como la BN se asocia a una relación muy conflictiva con la comida y el cuerpo, estas sensaciones físicas desagradables pueden interpretarse de forma distorsionada y contribuir a un círculo vicioso:

Este tipo de malestar puede ocurrir incluso si la comida ha sido moderada, lo que dificulta la percepción real de saciedad o cantidad. En otras palabras: el cuerpo manda señales que el cerebro interpreta como excesos, aunque no lo sean.
Con respecto a fármacos
Existen medicamentos procinéticos que ayudan a mejorar la motilidad gástrica (como la metoclopramida o la domperidona), pero su uso es limitado y debe estar siempre supervisado.
Comprender la relación entre trastornos de la conducta alimentaria y síntomas digestivos es clave para evitar interpretaciones erróneas, ofrecer un tratamiento integral y acompañar mejor la recuperación.
Sato Y, Fukudo S. Gastrointestinal symptoms and disorders in patients with eating disorders. Clin J Gastroenterol. 2015 Oct;8(5):255-63. doi: 10.1007/s12328-015-0611-x. Epub 2015 Oct 26. PMID: 26499370.
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¡Vaya! Supongo que mi estómago refleja mis nervios. Buen artículo
Y el trastorno por atracón? Podrías contar algo de esto xfa? Siempre se habla de anorexia y bulimia y casi no hay información de otras cosas menso conocidas. Gracias