Esta es la segunda parte de este artículo sobre trastornos de la conducta alimentaria y síntomas digestivos.

El síndrome del intestino irritable (SII) es uno de los trastornos digestivos funcionales más frecuentes

Las personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) reportan síntomas digestivos que coinciden con el SII: suelen tener dolor o molestias intestinales que mejoran cuando van al baño. También pueden notar que van al baño más o menos veces de lo normal, o que la forma de las heces cambia (más duras o más blandas). Existen 4 tipos de SII, según cómo se presenten estos cambios:

  • Con diarrea (SII-D)
  • Con estreñimiento (SII-E)
  • Mixto (SII-M)
  • No subtipificado (SII-U)

Se ha visto que entre el 40% y el 50% de las personas con un trastorno de la conducta alimentaria también tienen síndrome del intestino irritable (SII). En el caso de BN, este porcentaje puede llegar hasta casi el 70%.

Estos datos provienen de estudios que usan unos criterios médicos llamados ROMA II y ROMA III, que sirven para clasificar problemas digestivos funcionales, es decir, aquellos en los que el sistema digestivo no funciona bien, aunque no haya daños visibles en los órganos.

Existe una cuarta versión de los criterios ROMA, de 2016. Cuando tenga datos basados en esta versión, los actualizaré. 😊

Estreñimiento

El estreñimiento es, sin duda, uno de los síntomas digestivos más frecuentes en personas con TCA. En estos casos, no suele tratarse de un SII, sino de lo que se conoce como estreñimiento funcional, es decir, una evacuación difícil, infrecuente o incompleta, pero sin dolor abdominal.

Se estima que entre un 10% y un 25% de las personas con TCA cumplen criterios de estreñimiento funcional. Las cifras aumentan notablemente en diagnósticos específicos: afecta al 65-85% de quienes tienen AN y al 63% de las personas con BN.

En el caso de la AN, este síntoma suele estar relacionado con una combinación de factores:

  • Hipofunción del colon por la restricción de alimentos.
  • Desnutrición y desequilibrios electrolíticos (como la hpopotasemia) derivados de las purgas.
  • Uso de antidepresivos tricíclicos, que pueden agravar el problema.
  • Síndrome de triyodotironina baja (T3 baja), una adaptación del cuerpo que ralentiza funciones como la digestión para «ahorrar energía». Este estado puede parecerse al hipotiroidismo, provocando también piel seca, frío constante, frecuencia cardíaca baja o presión arterial disminuida.

Estudios con pruebas diagnósticas específicas -como marcadores radiopacos y manometría anorrectal- han demostrado que:

  • El tránsito intestinal es más lento en pacientes con AN y BN que en personas sin este diagnóstico.
  • En algunos casos también se observan alteraciones en la función del suelo pélvico, como una presión anal en reposo más baja de lo habitual.

La mejora del estado nutricional puede normalizar el tránsito colónico, pero las disfunciones anorrectales pueden persistir más allá del aumento de peso. Aumentar progresivamente la ingesta energética y restaurar un peso saludable suelen ser pasos clave para mejorar el estreñimiento asociado a AN.

COMPLICACIONES MENOS CONOCIDAS

Síndrome de la arteria mesentérica superior (SAME)

Una pérdida de peso intensa y rápida, como la que se da en la anorexia nerviosa (AN), puede provocar una condición conocida como síndrome de la arteria mesentérica superior (SAME). En este síndrome:

  • La grasa que normalmente protege una arteria del abdomen desaparece, y esa arteria comprime el duodeno, dificultando gravemente la digestión y la evacuación del estómago.
  • Es una complicación seria, que puede generar vómitos constantes, pérdida del apetito y dolor tras comer.
  • En algunos casos, requiere tratamiento médico urgente o cirugía.

Los pacientes con bulimia nerviosa (BN) rara vez desarrollan SAME debido a su peso corporal normal. Ikegaya et al. informaron de un caso mortal de BN en una mujer que consumió grandes cantidades de alimentos sólidos, donde su estómago distendido comprimió la arteria mesentérica superior y el duodeno, lo que finalmente provocó una obstrucción intestinal total con consecuencias mortales.

Fuente de la imagen 1: https://scholbach.de/es/wissenschaft/deutsch-ultraschalldiagnostik/deutsch-gefaskompressionen/arteria-mesenterica-superior-syndrom#gsc.tab=0

Prolapso rectal

Existen más posibilidades de sufrir un prolapso rectal cuando hay una presión del canal anal disminuida y como hemos comentado anteriormente, esto es algo que sucede especialmente en AN, lo que predispone a esta población a tener más riesgo de sufrirlo.

A esto tenemos que sumarle:

  • El estreñimiento crónico que suele tener esta población. El esfuerzo repetido para defecar puede debilitar los músculos del suelo pélvico y recto, favoreciendo el prolapso.
  • La malnutrición severa provoca atrofia muscular generalizada, incluyendo los músculos del suelo pélvico y del esfínter anal, esenciales para sostener el recto. La debilidad de estas estructuras puede permitir que el recto se desplace hacia fuera, especialmente al hacer esfuerzos a la hora de hacer 💩.
  • El aumento de la presión intraabdominal cuando existen vómitos autoinducidos puede descender las estructuras pélvicas.
  • La desnutrición afecta la producción de estrógenos y otros esteroides, lo que puede debilitar tejidos conectivos y musculares, afectando la integridad del canal anal y rectal.
  • Si la anorexia aparece en la adolescencia, cuando el cuerpo aún se está desarrollando, el riesgo de que el suelo pélvico no se forme o fortalezca adecuadamente es mayor.

Fuente de la imagen: https://yomeammo.com/saber-suelo-pelvico-esta-debil/

La combinación de factores aumenta el riesgo.

Lesión hepática

Aunque sea paradójico, el personas con AN puede producirse una acumulación excesiva de grasa en el hígado, pero es un mecanismo adaptativo:

  • El cuerpo moviliza los depósitos de grasa periférica para obtener energía, liberando ácidos grasos libres al torrente sanguíneo.
  • El hígado capta esos ácidos grasos y los convierte en triglicéridos, que normalmente se exportarían como lipoproteínas (VLDL).
  • Pero en AN, el hígado no puede exportarlos eficientemente, por falta de energía, proteínas y fosfolípidos necesarios para sintetizar esas lipoproteínas.

El resultado es una acumulación de grasa en los hepatocitos (esteatosis hepática). Esto causa un estado de estrés oxidativo localizado en las células del hígado, que finalmente podría provocar una lesión hepática.

Como podéis ver, el tema es bastante extenso. Continuaremos más adelante!

Sato Y, Fukudo S. Gastrointestinal symptoms and disorders in patients with eating disorders. Clin J Gastroenterol. 2015 Oct;8(5):255-63. doi: 10.1007/s12328-015-0611-x. Epub 2015 Oct 26. PMID: 26499370.

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